Unos meses después de los hechos, Simenon pasó por Galápagos como parte de su vuelta al mundo. Como por esa época trabajaba para el Paris-Soir, escribió un par de reportajes sobre el tema y luego la novela. La sed fue la única historia de ficción que escribió durante aquel periplo, y lo hizo apenas en once días —unas cuarenta y cinco mil palabras—, en Tahití, luego de abandonar las islas ecuatorianas.
La novela Ceux de la Soif (1938), ambientada en la conocida historia de un par de familias alemanas y una falsa baronesa. Estos europeos, cada cual con su filosofía, pretendió reconquistar la isla Floreana. Es un paisaje exótico con un planteamiento —la colonia— de alguna manera interesante; o sea, el empujón perfecto para una historia. Simenon, en cambio, lo real maravilloso que puede haber en esto le importa poco, La sed es una «novela dura» término con el que el propio Georges Simenon bautizó a todas sus obras de ficción psicológica e intimista que no estaban protagonizadas por el comisario Maigret. Está dentro de esos desdichados habitantes que poco a poco y sin remedio se acercan a un desenlace brutal.
Margret Wittmer: Se reunió con ella y su familia en su rústica propiedad de Floreana. Simenon escuchó de primera mano su versión sobre las extrañas desapariciones y muertes en la isla.
Dora Strauch: Conoció a la pareja del Dr. Friedrich Ritter justo antes o durante el desenlace de la tragedia, cuando la historia comenzaba a salir a la luz pública.
Antes de leer el libro vi la reciente versión para el cine, Edén, de Ron Howard (2024), quien popularizó la historia que todo el mundo conoce en la isla. La película está bien, igual el ejercicio de compararla . Los mismos protagonistas del drama dejaron suficiente bibliografía, contradictoria y agresiva bibliografía desde ambos bandos; en eso está basada la película. Lo que ya no se puede contar tan fácil, es lo que sí vio George Simenon de cerca y lo llevó a olvidarse por completo del comisario Maigret, a no hacer investigación, a no ser fiscal. Mientras Margret Wittmer acusa a los Strauch y a Klauss del asesinato de la baronesa y uno de sus gigolós, Dora, defiende a su marido y dice que la baronesa simplemente se largó en un yate.
Si se requiere un análisis a profundidad, Simenon se adelanta a la manipulación de la memoria colectiva que entre iguanas y turistas aún parece rondar las cuevas de Floreana y despoja a ambas mujeres de cualquier aura de inocencia. No, no las culpa tampoco. La culpa es de la sed, de la soledad, de sabe Dios qué baronesa nos cargaríamos en una situación como aquella.
Madrid: 19 de septiembre de 2026