Sobre la ley de adaptación al marco

Fernando Fiestas

Este artículo pertenece a la serie Las disciplinas olvidadas


Más que disciplina cabe recordarlo como un recurso distintivo de un determinado estilo tanto pictórico como escultórico sometidos a una razón formal superior, el espacio arquitectónico libre para completar el vacío decorativo. O bien llamarlo ley con más justicia si cabe.

Todas las culturas que se aferraban a dicha ley se permitían el lujo de ajustar todas las figuras de una escena en un determinado formato invariable tomando como base dos cuestiones principales: por un lado, la intención narrativa del suceso, y por el otro, la perspectiva jerárquica. De esta forma, los antiguos egipcios y los pueblos mesopotámicos colocaban las figuras más importantes en el centro de la imagen, y las personas menos relevantes, mucho más reducidas, ocupaban los espacios que quedaban libres dentro de lo menos llamativo. Los griegos hicieron lo mismo con los frontones, pero eran mucho más realistas y para lograr la sensación de naturalismo prescindieron de la perspectiva jerárquica y si bien no renunciaron a la intención narrativa, quedó de esas obras esa intención estética que tanto alabamos hoy día. Luego, con la caída del Imperio Romano y la llegada de la Alta Edad Media se recuperaron esos valores. Para instruir al pueblo ágrafo sobre las Sagradas Escrituras se empleó con más fuerza y fruición la ley de adaptación al marco, no dejando nada al azar, no dejando ningún espacio libre dentro del tímpano o del muro a rellenar.

Pero la cuestión acerca de su posible impermeabilidad hacia los parámetros actuales es si podemos llamarla disciplina abandonada o latente. No es lo mismo pintar basándose en esa ley con intención narrativa que con intención estética o aferrándose a ambas en un equilibrio plausible. Pero hoy día vemos todos estos recursos principalmente como herramientas antes que conceptos. De esta forma, hay muralistas que se tuvieron que adaptar a la irregularidad del muro o a las características de un formato más o menos alabeado para introducir todas las imágenes y símbolos lo más enteros posible. En la época del Impresionismo y justamente aquellos pintores que cuestionaban la veracidad de la aplicación del arte a los descubrimientos científicos fueron, quizás, los primeros en cuestionar la ley de adaptación al marco. Para ello, cortaban figuras por la mitad o por el cuarto, sugiriendo al espectador un espacio más amplio de lo que la imagen proponía. Es la lección de Degas, de Toulouse-Lautrec, de Ramón Casas.

También ese recurso casi cinematográfico es una herramienta más para el artista contemporáneo. Creo que las últimas tendencias no son más que resultados de revisionismos de valores ya agotados. Se buscan nuevas herramientas nunca usadas antes. Lo entiendo. Hay artistas que usan esta ley pero lo hacen con finalidad decorativa. También resultan decorativas las propuestas de los impresionistas de cortar figuras y animales. El arte parece más sano cuando se mira desde fuera y las intenciones resultan transparentes con los espectadores. La emotividad es una consecuencia clara de la comunicación entre el emisor y el receptor. Hay mensajes incomprensibles, sí. Sobre todo, en las imágenes poco elaboradas, y siempre tiene que aparecer un crítico de arte que las justifique y explique. Aunque los hay que son algo retorcidos, y contribuyen a que el gran público después de visitar una exposición salga más confuso que antes. Hay que tener cuidado con eso. Un mensaje sin intención que se capte con claridad equivale a no decir nada. Yo no entiendo el morse, y por tanto, si recibo un mensaje en estas claves, tal vez vea intención estética -casualmente, claro- en los mismos, pero la intención narrativa para mí no existirá.

Por eso muchas obras de arte del pasado han perdido ante nuestros ojos la veracidad original de nuestros mensajes de modo que deberemos recurrir a grandes expertos en sus respectivas culturas para captar sus verdaderas intenciones. Salvo la ley de adaptación al marco o la ley de fragmentación de figuras.

¿Quién en la modernidad va a molestarse en mirar la imagen, estudiar su contexto histórico social y los conceptos fundamentales del arte de su cultura?

Lo cómodo es aferrarse a Wikipedia, pero ¿qué sabe Wikipedia?

Madrid: 07 de septiembre de 2026