Hotel, Arthur Halley

Alejandro Cernuda

Sin ser una lectura de encargo, me aconsejaron esta novela para entender cómo Halley maneja varios personajes en términos de tiempo y espacio más o menos acotados. Me aconsejaron evaluar las interacciones entre ellos y poner ojo avizor en las entradas y salidas de escena. También me advirtieron que Arthur Halley podía ser demasiado quisquilloso con los detalles de cómo funcionan las cosas. Lo es. Tras el libro hay un arduo trabajo, digamos que periodístico o de campo, para lograr enterarnos de cómo funciona un control de carreteras, las pesquisas de la policía, un ladrón de llaves, el negocio de los restos de bebida que los huéspedes dejan en las habitaciones, el rescate de cubiertos de plata tirados por error a la basura, la lavandería y, por supuesto, la gerencia de un hotel.

Enterarse de todas estas cosas, con el propósito de ponerlas en una novela, muchas veces es tortuoso y resulta artificial. Pasa con esta novela, tal vez si se hubiera invertido más tiempo en una historia menos moralista y con personajes menos de cajón, el resultado habría sido más brillante.

Eran tiempos duros para un escritor naturalista, por llamarlo de alguna manera, en el momento que la generación Beat estaba en su apogeo. En su favor podríamos decir que sus obras, casi todas, pasaron el filtro del cine, cosa que no muchos escritores vanguardistas de su época pudieron lograr.

En lo tocante a la recomendación, tuvo sentido. Ningún personaje destaca por encima de otro, salvo el apuesto y siempre humano subgerente del hotel. Escribir sin un personaje principal es un escoyo en sí, porque casi toda la literatura esta basada en ese concepto, quitar el héroe —no multiplicarlo— es un reto que un tal Tolstoi y un par de escritores han logrado concebir.


Madrid: 14 de agosto de 2026