De qué hablo cuando hablo de correr

Alejandro Cernuda

Haruki Murakami tiene 77 años en el momento de esta nota. Escribió De qué hablo cuando hablo de correr hace unos veinte años. Las últimas noticias que pude rastrear refieren al maratón de Honolulu cuando tenía 70 años; sin embargo, tampoco hay noticias de que haya dejado de hacerlo. Cambió su estructura de entrenamientos, de seis o siete días a la semana a tres o cuatro. Combina ahora también —ya lo hacía con más denuedo al momento de escribir el libro— la natación y el ciclismo a causa de su creciente pasión por el triatlón.

Su pasión, menos anónima, por ser él, tiene un mérito incalculable. Y es que el maratón tiene eso, por encima de muchos otros deportes. Uno corre un maratón y bueno, los amigos dicen, ¡Vaya! Y todo queda poco a poco en el olvido social, por qué sí, es difícil, pero miles de personas lo hacen cada mes en el mundo. Lo que no se comparte tan fácilmente, es el trabajo que cuesta llegar hasta un momento físico decente o la diferencia abismal entre quien corre a sabiendas de que, salvo que una repentina pandemia fulmine a la mitad que va delante, no va a llegar primero y sin embargo lo hace. Uno acaba creyéndose el tópico de que corre contra sí mismo. Pero ese yo es muchas veces imposible de derrotar, y lo sabe. Ya no eres quien solías ser; o que la entrada a la meta produce una felicidad sutil: un orgasmo existencial. No voy a extenderme en las posibles razones, en ese masoquismo amateur que arrastra a miles de hombres y mujeres y que yo apruebo al cien por ciento, ya lo hace Murakami, quien, además de correr, también continúa escribiendo novelas.

Nadie que conozca a Murakami, a través de sus libros esperaría un panfleto publicitario de récords o un manual para corredores aficionados. Nadie que haya corrido o intentado correr dudará que el momento de sentir esa soledad amplificada por el cansancio trae consigo esa especie de alucinación, tal vez semejante a la que experimentaban los penitentes a voluntad. Se podría escribir un interesante tratado de esos pensamientos, pero hasta ahora, cada corredor tiene los suyos.

De qué hablo cuando hablo de correr

El libro tomó el título de “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, de Raymond Carver, pero antes de esto sufrió un proceso creativo digamos que de carrera de fondo. De acuerdo con su propio autor lo escribió en varias tiradas y utilizó material de notas tomadas en diferentes épocas de su vida, de cuando corrió en solitario desde Atenas a Maratón, o cuando se lanzó a aquella carrera de cien kilómetros alrededor del lago Saroma. Además de explicar sus motivaciones deportivas, puede utilizarse para descubrir algunos de sus puntos de vista sobre el proceso creativo, su biografía, desde regentar un club de jazz en Tokio, hasta sus exitosas conferencias en Cambridge.

No sé si Murakami ha escrito o escribirá un libro de memorias, De qué hablo cuando hablo de correr, puede catalogarse como esto, y es que, dentro de sus pasiones públicas, la literatura y correr se entrelazan de una manera extraña y, de acuerdo con su opinión —concuerdo con él—, se complementan en una dimensión difícil y tal vez inútil de explicar.

Tal vez por eso este no es un libro sobre correr. Es un libro sobre la perseverancia. Sobre la extraña satisfacción de repetir durante décadas un gesto aparentemente inútil hasta convertirlo en una forma de entender la vida.

Madrid: 04 de agosto de 2026

España Mundo

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