Nadie llama a Aveiro por su nombre real: le dicen "la Venecia portuguesa", como si necesitara un préstamo de identidad.
Pero la historia interesante no es esa, sino la contraria: en 1575 una tormenta le cerró la boca a la ría, y el mar, que había sido su sustento durante siglos, desapareció detrás de un cordón de dunas. Aveiro quedó varada tierra adentro, rodeada de aguas estancadas, durante más de doscientos años.

Cuesta imaginarlo paseando hoy junto a los canales: una ciudad entera aprendiendo a vivir de espaldas al agua que la había hecho rica, enferma de su propia laguna, esperando. No fue hasta 1808 cuando por fin abrieron un canal artificial que le devolvió la salida al Atlántico.
Por eso, cuando ahora un moliceiro cruza despacio bajo un puente, lo veo como una revancha lenta: doscientos años sin mar, y esta ciudad decidió cubrirse de barcos.
Aveiro: 06 de septiembre de 2026