Esta nota fue escrita cuatro años después de los hechos que recrea. He comenzado a correr de nuevo y vale la pena dejar constancia de este evento aislado.
Fue en el verano de 2022. Me apunté al Urban Trail 10 K de Ámsterdam, porque me parecía una propuesta interesante y era necesario volver a los Países Bajos después de tanto tiempo. Tres días antes de la carrera iba a ser el cumpleaños del Loco, en fin, un buen plan.
No recuerdo cuánto entrené antes, tampoco era importante en este caso. Los Urban Trail neerlandeses son carreras de tono festivo. Uno corre por dentro de edificios, centros comerciales, bares, etc. Es algo raro, bastante de ellos, diría yo.
Casper me acompañó temprano. Fuimos desde Hasselt a Zwolle en el coche y de allí a la capital.
El coronavirus aún se hacía sentir en las calles, en las mascarillas, en la prudencia de la gente. No fue fácil llegar a los Países Bajos. El mundo sufría tal atasco en las líneas aéreas tras el letargo de la pandemia... Tomé un avión a Bruselas y de allí un tren a la tierra de los tulipanes y los molinos. Recuerdo que, en el viaje desde Ámsterdam, en tren, me senté al lado de una azafata y conversamos sobre el terrible atasco en el aeropuerto. Me enseñó un par de fotos de la acumulación de maletas en el interior. Una montaña de maletas es algo que uno no ve todos los días. Tampoco fue ortodoxo el regreso a Madrid. Días después de la carrera, saciado ya del espíritu neerlandés que tiempo atrás me había arrancado dos novelas, tomé un tren a Dusseldorf, amenicé el suelo teutón con mi presencia, ante un Rin con los pantalones bajos y tomé un vuelo en primera clase —cortesía de aquella locura aeroportuaria— a España.
El día de la carrera nos perdimos un poco para encontrar el punto de salida. Tuve que llamar un Uber. Casper no sabía que eso se podía hacer y quedó maravillado del poder escondido en mi móvil. Nos perdimos justo donde estaba esa pequeña escultura de un hombre talando la rama de un árbol. Casi no se ve, eso es parte de su encanto.

La carrera fue bien. Por supuesto, me perdí, otra vez, en ese momento en que el pelotón se parte en dos porque hay también un 5 K. Regresé al redil y terminé. Había un DJ muy animoso en la meta. Gritó mi nombre como si me conociera de toda la vida. Ni idea de cómo lo supo, esos norteños lo saben todo.
Casper y no nos fuimos a por unas cervezas. De eso sí sabe más que yo.
Amsterdam: 10 de julio de 2022