Aldeia da Ponte

Richard Johnson

Cuando atraviesas la Raya desde Ciudad Rodrigo, tras cruzar La Alberguería d'Argañan (el apóstrofe es mío; me gusta porque me recuerda la Gascoña), te encuentras con un pueblo sin nombre propio, que lo hereda de un puente cuya edad nadie se atreve a fijar del todo: unos dicen romano, otros medieval, y las gentes parecen no tener interés en desmentir a ninguno.


Ponte


Tres arcos, tablero inclinado, losas de granito pulidas por los siglos. Cruzarlo a pie, sin prisa, es la mejor manera de entender por qué le dieron su nombre a todo lo demás.


Y la sorpresa que siempre me deparan los pueblos raianos, no ha venido esta vez de sus fortalezas defensivas, su historia o sus ruinas, sino del forcão.


Forcão en la plaza


En Portugal, la relación con el toro difiere de la española, y en la Aldeia va más allá aún. Los mozos no se enfrentan al animal individualmente, sino protegidos tras el forcão, una enorme estructura de madera que empujan entre todos. No vence la fuerza de uno, sino la del grupo.


Terras do forcão


Pero yo me quedo con las huertas, a la salida del pueblo, pegadas al río, ordenadas y verdes como si el tiempo no pasara...


Huertas

Aldeia da Ponte: 12 de julio de 2026

Portugal Mundo

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